31/12/16

MIS CONCLUSIONES TRAS UN AÑO SIN COMPRAR ROPA


Este es posiblemente el post que más ilusión me hace publicar. El post en el que os digo que…¡lo he logrado! ¡He logrado estar un año entero sin comprar ropa, ni calzado, ni accesorios!


El 2016 ha pasado volando y aquí estoy, muy contenta conmigo misma por haber llegado hasta el final con aquel propósito que comencé hace 365 días. Durante este año he aprendido muchas cosas, os las he ido contando a modo de diario en los resúmenes mensuales del experimento, pero me gustaría hacer un pequeño recap general de todas mis conclusiones, porque me gustaría contaros como es mi vida ahora y cómo he cambiado el chip en algunas cosas. Además de este post, también he grabado un vídeo para mi canal de Youtube donde os lo cuento. ¡Empecemos!

NO NECESITAMOS TANTO
La enseñanza básica es la más obvia: no necesitamos tanta ropa, y muchísimo menos estar consumiendo todo el tiempo. Hace poco escuché que con el consumo textil sucede la regla del 80-20, es decir, que el 80% de tiempo solo nos ponemos el 20% de nuestra ropa. Eso me hizo pensar y darme cuenta de que, aun habiendo estado un año sin comprar ropa nueva, he usado muchísimas prendas favoritas on repeat, mientras que otras ni las he tocado. Para mí, que disfruto con la moda y me gusta la ropa, estar un año sin comprar no ha supuesto la dificultad hercúlea que imaginé en un primer momento antes de empezar. ¡Para nada! He repetido mil veces y he combinado otras mil.

BOOST DE AUTOESTIMA
Durante este año he aprendido a quererme más, a valorar más mi cuerpo y a no compararme ni menospreciarme basándome en la imagen que me devuelva el espejo de un minúsculo probador. Intentar enfundar mis muslos en lo que una marca dice que es una talla 40 (spoiler alert: eso no es una 40) era una tortura y un asedio a mi autoestima cada vez que intentaba, por ejemplo, comprarme unos pantalones. No tener que luchar constantemente con las tallas cambiantes de las tiendas durante 365 días ha sido un alivio del que pienso seguir disfrutando mucho tiempo y del que he salido reforzada.

SE EXTIENDE A OTROS ASPECTOS DE TU VIDA
Cuanto menos complicas tu vida, más feliz eres. O al menos así pienso yo. Por eso he intentado llevar esa simplicidad a otros aspectos de mi vida, como el maquillaje. En el resumen de Mayo os contaba como me di cuenta de que tenía demasiado, de modo que he reducido drásticamente mi colección de productos beauty hasta meterlos en una pequeña cajita. Y de ahí pasaré a un pequeño neceser. Estoy siendo cada vez más minimalista con los productos de cosmética y preguntándome qué estoy aplicando en mi cara y cuerpo. Además, el interés por cuidar mi ropa, por aprender a arreglarla, sigue ahí, y cada día intento aprender un poquito más. Por ejemplo, si quiero leerme un libro, busco primero si alguien lo vende de segunda mano en Wallapop o si puedo cogerlo prestado de una biblioteca. Este experimento te cambia la mentalidad y te hace tener una mente más curiosa, y eso lo agradezco.

CREATIVIDAD A TOPE
Antes de este reto, mi pasión por las manualidades estaba un poco dormida. Me había acomodado a comprarlo todo hecho o a no plantearme como podía mejorar algo, simplemente lo adquiría. Este año me he visto “obligada” a darle caña a mi imaginación y a crear y combinar a partir de lo que ya tenía en mi armario, y no puedo estar más contenta. Estimulas la mente, te relajas mientras realizas tu DIY y luego luces algo único y que te ha costado muy muy poco. Echaba de menos esos tiempos, como cuando comencé a escribir y leer blogs y me alegra mucho haber recuperado ese espíritu. Y ha ocurrido algo que pensé que nunca pasaría después de odiar tanto mis clases de patronaje: vuelvo a tener ganas de aprender a hacerme mi propia ropa. Voy poco a poco, pero lo importante es haber dado el paso. 

UNA MANERA MÁS CONSCIENTE DE VIVIR
Ahora soy un poquito más crítica con las marcas que antes compraba ciegamente. El visionado de ciertos documentales y la información de webs y blogs de referencia en la materia han hecho que abra los ojos y me de cuenta de que las cosas se pueden hacer de manera diferente y que no es tan difícil ponerse a ello. Compartir, intercambiar, reciclar, crear…hay tantas posibilidades y tanta gente que comparte esta manera de entender el mundo que es bastante alentador vez que día a día somos más. También las comunidades creadas en internet ayudan mucho, de modo que gracias por hacerme darme cuenta de que no soy la única que se plantea todas estas cosas, me hace muy feliz saber que poco a poco estamos intentando cambiar la sociedad que nos rodea. Muchísimas veces he pensado que compartir mi experiencia durante el 2016 sin comprar ropa no le iba a interesar a nadie, pero resulta que muchas personas me han escrito diciéndome que les he animado a hacer lo mismo, y estoy conociendo a gente majísima con la que tengo mucho en común. Es una pasada poder crear comunidad en torno a temas tan interesantes como esto y aprender unos de otros. 

AHORRO
Quizás es la otra parte más obvia de todo esto, el ahorro que supone estar un año entero sin comprar. Ya tengo mi billete de avión comprado para visitar por primera vez Inglaterra, algo que siempre había soñado. ¡No os podéis ni imaginar lo feliz que estoy! Y he comenzado a ahorrar para independizarme con mi novio. Sin duda, cosas más importantes en mi vida que un armario lleno de ropa.

¿PERO DE VERDAD ESTO SIRVE PARA ALGO?
Todo tiene un lado oscuro, y hay momentos en los que me vengo un poco abajo pensando en que por mucho que algunos de nosotros intentemos hacer las cosas de manera diferente, las grandes empresas y el poder siempre seguirán en manos de las mismas personas con intereses nada éticos, movidos solo por la codicia y sin el mínimo interés por los derechos humanos ni el medio ambiente. Son momentos muy breves de tristeza, en los que siento que quizás debería unirme a la masa, seguir con mi vida y dejar de preguntarme tantas cosas…pero segundos después reacciono y me prometo a mi misma que, si está en mi mano, cada día intentaré que el mundo sea un lugar mejor con mis pequeños gestos. Desde interesarme más por los que me rodean, utilizar menos plásticos, hasta no comprar casi nada de fast-fashion. También me enfurece un poco el tema de los influencers y las personas que muchos hoy en día consideran role models, ya que no aprovechan todo el poder de influencia que tienen para mandar mensajes que intenten cambiar las cosas. Al revés. No paro de ver, por ejemplo, vídeos masivos de hauls de ropa china, y me pone muy triste. Las galerías de Instagram de estas personas son catálogos puros de comprar-comprar-comprar. Y por desgracia, a eso aspiran las chicas y chicos jóvenes que les siguen… ¿Acaso saben lo que están promoviendo? Lo dudo. Pero por suerte hay muchos referentes también de este mundo sostenible, así que hay esperanzas.

¿Y AHORA QUÉ?
Repasando todo lo que he aprendido este año me entra la nostalgia pensado en lo emocionante que ha sido este reto, y sé que cuando vuelva a entrar en probador de una tienda o a pagar en caja, me voy a sentir muy muy extraña, así que supongo que inconscientemente retrasaré ese momento todo lo que pueda. Durante el 2016 he combinado, he cosido, he intercambiado, he donado, he customizado…y ese espíritu y esa forma de entender la moda se va a quedar conmigo para siempre. Espero no haberme dejado nada en el tintero, eran muchas las emociones que quería expresar…

No quiero despedirme de este mega-post sin agradeceros todo vuestro cariño y comentarios en redes sociales durante este reto. Esa sostenibilidad que empieza cuando decides no comprar ropa durante un año “para ver qué pasa” acaba extendiéndose de manera positiva a otras facetas de tu vida. Esto es que es de lo que más orgullosa estoy: mi manera de relacionarme con la moda se ha transformado para siempre, y ahora me siento mucho mejor. Antes compraba ropa sin preguntarme el porqué, sin interesarme en qué había detrás o que prácticas estaba apoyando al dejarme el dinero en ciertas compañías. Y ahora todo ha cambiado.
Poco a poco voy aprendiendo, intento aportar mi granito de arena con mis actos diarios: intento no acumular, reutilizar todo lo que pueda, desde ropa a comida, consumir menos… La moda y la ropa siempre van a ser algo que me interesa y con lo que disfruto muchísimo, pero voy a tomármelo de otra manera: es cuestión de tener paciencia, rebuscar, tener el ojo entrenado para reconocer tendencias, inspiraciones, diseñadores… y sobretodo, olvidarse de los prejuicios que mucha gente tiene con la ropa de segunda mano. Para mi es una pasada porque nunca sabes que tesoros te vas a encontrar y eso hace que tu estilo sea único. Yo siempre he disfrutado rebuscando en las tiendas vintage y de 2º mano y en los mercadillos, y la emoción de encontrar algo que te gusta, tiradísimo de precio y sabiendo que estás dándole una nueva vida y que estás renovando tu armario de manera inteligente, es genial. He heredado ropa de amigas y he customizado otras tantas prendas para volver a llevarlas de nuevo. Todas estas cosas me hacen sentir bien y esa es la persona que soy ahora mismo.

En definitiva: ¡es una experiencia que nunca olvidaré! Quizás si algún diá tengo una hija y me pide dinero para ropa, le podré decir: “Tu madre estuvo un año sin comprar ropa y no se murió, ¿sabes?”.

¡Feliz año nuevo y que sigamos cumpliendo nuestras metas!

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